Entrenamiento e Inteligencia Emocional

Lunes, 05 de octubre de 2020

En los últimos años, gracias a los avances de diferentes disciplinas científicas, los descubrimientos de las Neurociencias han cobrado gran relevancia, logrando penetrar el misterio de la relación entre la mente, la conducta y la actividad propia del cerebro; haciéndolo más cercano a todos, al punto de estar impactando directamente en todos los ámbitos de nuestras vidas, tanto profesionales, como personales, como deportivos.


Hoy toda planificación deportiva, desde la práctica más amateur a la de más alto rendimiento, incluye entrenamiento neurocognitivo. Esta dimensión se posiciona a la par del entrenamiento físico y técnico, otorgándole la importancia que también tiene desarrollar la memoria, la percepción, la atención, la planificación, la intuición.


La psicología ha generado interesantes aportes al deporte, estudiando los distintos procesos psicológicos que influyen en los comportamientos de los deportistas, optimizando sus respuestas emocionales, en pos de lograr sus máximos rendimientos deportivos individuales y de equipo.


Para que se den los mejores rendimientos, necesitamos ir aún más profundo, y aprender todo sobre las protagonistas de estos procesos, las emociones. “Las emociones son capitanes de nuestras vidas, y las obedecemos sin siquiera darnos cuenta.” ¡Cuánta verdad tiene esta frase que se le atribuye a Van Gogh! Es que las decisiones se disparan por debajo de nuestro nivel de conciencia. Ahora bien, basándonos en la neuroplasticidad, el fenómeno por el cual el aprendizaje y la experiencia modifican continuamente el cerebro, también tenemos la posibilidad de modelar el cerebro por propia decisión, entrenándolo con nuevos pensamientos, con nuevas emociones, sentimientos, acciones, para generar nuevas conexiones sinápticas a través del aprendizaje y la experiencia.





En los noventa,  Mayer, Salovey y Goleman popularizaron el término Inteligencia Emocional (IE), que, explicado de manera sencilla, trata de distinguir y saber etiquetar las emociones de manera correcta y, a su vez, usar información emocional para guiar nuestro pensamiento y comportamiento para ajustarnos a cada situación. Es una forma de interactuar con el mundo, que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social.


Ser emocionalmente inteligente, significa ser consciente de los propios estados de ánimo. Significa que me conozco suficientemente para saber la forma en que las emociones influyen en mi comportamiento. Implica vivir las emociones, nunca ocultarlas ni restringirlas. Tener la habilidad para manejar los propios sentimientos a fin de expresarlos de forma apropiada. Gestionar la ira, por ejemplo, ante el fallo de un árbitro o manejar la frustración por un podio no logrado.


Los deportistas que desarrollan su inteligencia emocional son grandes auto-motivadores. Encuentran la alegría en el desafío constante, la creatividad, la innovación hacia resultados óptimos. Son resilientes, con toda la fuerza que implica esta capacidad.


Estas habilidades intrapersonales, son las que permiten las buenas relaciones, con los jugadores del equipo, con cuerpo técnico, ayudantes, demás profesionales y también con los otros competidores u oponentes. Los deportistas que tienen un alto coeficiente emocional son bien reconocidos por sus buenas formas de relacionamiento, por sus valores, no solo por sus rendimientos.


Para ser un gran deportista, es ineludible perseguir objetivos como perseverar, disfrutar aprendiendo, tener confianza en uno mismo, y ser capaz de sobreponerse a las derrotas. Y para poder trabajar en equipo, e incluso para entender al oponente, es imprescindible desarrollar la empatía para escuchar con atención y ser capaz de comprender los sentimientos del otro. Es necesario desarrollar la asertividad, saber comunicar de manera precisa y correcta, en el momento oportuno. Se da una relación bilateral: el deporte es una vía para el aprendizaje de la inteligencia emocional, así como los deportistas que desarrollan estas competencias, mejoran notablemente su rendimiento.


En definitiva, conocer la fisiología cerebral es imprescindible para poder comprender nuestros comportamientos y los procesos de enseñanza-aprendizaje; y también para poder aplicar herramientas que ayuden a la modelación de los estados emocionales, permitiéndonos cada día ser un poco más felices desarrollando nuestro deporte preferido y en la vida en general.


Jorgelina Parodi

Lic. En Actividades Físicas y Deportivas

Coach Organizacional ICF

Instagram: @jorp.coach